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miércoles, 30 de junio de 2010

lunes, 10 de mayo de 2010

lunes, 7 de septiembre de 2009

lunes, 10 de agosto de 2009

El padre bueno y el buen padre

El padre bueno y el buen padre

Padres buenos hay muchos, buenos padres no tantos. No creo que haya cosa más difícil que ser un buen padre. En cambio no es difícil ser un padre bueno. Un corazón blando basta para ser un padre bueno; en cambio la voluntad más fuerte y la cabeza más clara son todavía poco para ser un buen padre.
- El padre bueno quiere sin pensar.
+El buen padre piensa para querer.
- El padre bueno sólo sabe decir que sí.
+ El buen padre dice que sí cuando es sí, y no cuando es no.
- El padre bueno hace del niño un pequeño dios que acaba en un pequeño demonio.
+El buen padre no hace ídolos; vive la presencia del único Dios.
- El padre bueno amanteca la voluntad de su hijo ahorrándole esfuerzos y responsabilidades.
+ El buen padre templa el carácter del hijo llevándolo por el camino del deber y del trabajo.
-Y así, el padre bueno llega a la vejez decepcionado y tardíamente arrepentido.
+Mientras el buen padre crece en años respetado, querido, y a la larga, comprendido.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Educación. (Los extremos se tocan)

LOS EXTREMOS SE TOCAN.


No son pocos los padres de las últimas generaciones decididos a no repetir con los hijos los mismos errores que pudieron haber cometido con ellos sus progenitores.

Y en el esfuerzo de abolir los abusos del pasado, ahora son los más dedicados y comprensivos, pero a la vez los más débiles e inseguros.

Lo grave es que se está lidiando con unos niños más "igualados", beligerantes y poderosos que nunca.

Parece que en el intento por ser los padres que quisieron tener, se pasó de un extremo al otro. Así que, son los hijos regañados por sus padres y los padres regañados por sus hijos.

Los que tuvieron miedo a sus padres y los que temen a sus hijos. Los que crecieron bajo el mando de los padres y los que viven bajo el yugo de los hijos.

Lo que es peor, los que respetaron a sus padres, y los que aceptan que sus hijos no les respeten.

En la medida que el permisivismo reemplazó al autoritarismo, los términos de las relaciones familiares han cambiado en forma radical, para bien y para mal.

En efecto, antes se consideraban buenos padres a aquellos cuyos hijos se comportaban bien, obedecían sus órdenes y los trataban con el debido respeto. Y buenos hijos a los niños que eran formales y veneraban a sus padres.

Pero en la medida en que las fronteras jerárquicas entre padres e hijos se han ido desvaneciendo, hoy los buenos padres son aquellos que logran que sus hijos los amen, aunque poco los respeten.

Y son los hijos quienes ahora esperan el respeto de sus padres, entendiendo por tal que les respeten sus ideas, sus gustos, sus apetencias, sus formas de actuar y de vivir. Y que además les patrocinen lo que necesitan para tal fin.

Como quien dice, los roles se invirtieron, y ahora son los papás quienes tienen que complacer a sus hijos para ganárselos, y no a la inversa, como en el pasado.

Esto explica el esfuerzo que hoy hacen tantos papás y mamás por ser los mejores amigos de sus hijos y parecerles "muy guay" a sus hijos, olvidando, quizás, que el ser padre implica ser mucho más que amigo.

Se ha dicho que los extremos se tocan, y si el autoritarismo del pasado llenó a los hijos de temor hacia sus padres, la debilidad del presente los llena de miedo y menosprecio al verlos tan débiles y perdidos como ellos.

Los hijos necesitan percibir que durante la niñez se está a la cabeza de sus vidas, como líderes capaces de sujetarlos cuando no se pueden contener y de guiarlos mientras no saben para dónde van.

Si bien el autoritarismo aplasta, el permisivismo ahoga.

Sólo una actitud firme y respetuosa les permitirá confiar en su idoneidad para gobernar sus vidas mientras sean menores, porque se va delante liderándolos y no atrás cargándolos y rendidos a su voluntad.

Es así como se evitará que las nuevas generaciones se ahoguen en el descontrol y hastío en el que se está hundiendo la sociedad que parece ir a la deriva, sin parámetros, ni destino.

Educación


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domingo, 1 de febrero de 2009

Educación

Un artículo que cayó en mis manos y por si puede ser útil me permito publicarlo.

Cómo hacer de un hijo un "delincuente"

Muchos padres temen castigar y reprender a sus hijos por temor a que el chico llore o se ponga triste. De esta manera muchos niños crecen sin norma de ningún tipo y se comportan de la misma manera en la sociedad. Muchos comportamientos delictivos tienen su base en la blandura de unos padres que no supieron educar.
La Dirección General de la Policía de Seattle (Washington) publicó un escrito, cuyo título he puesto como cabecera. Dice así:
Si queréis hacer de vuestro hijo un "delincuente":
Dadle desde la infancia todo lo que quiera: Así llegará a mayor, convencido de que el mundo entero le debe todo.
· Si dice tonterías, reíd: Así creerá que es un gracioso.
· No le deis ninguna formación espiritual: Cuando sea mayor de edad, ya escogerá.
No le digáis nunca: Eso está mal. Podría crearse complejos de culpa. Y más tarde, cuando, por ejemplo sea arrestado por robar un coche, estará convencido de que es la sociedad quien le persigue.
· Recoged todo lo que él tira por los suelos. Así se convencerá de que todos están a su servicio.
Dejadle leer todo: Desinfectad su vajilla, pero dejad que su espíritu se recree en cualquier torpeza.
Discutid siempre delante de él. Cuando vuestra familia esté destrozada, él no se dará por enterado.
Dejadle todo el dinero que quiera. Así ni siquiera sospechará que debe trabajar para poder disponer de dinero.
· Que todos sus deseos estén satisfechos. ¡De otro modo resultará un frustrado!
Dale siempre la razón: Así creerá que los profesores, la gente y la ley le están siempre deseando el mal.
Y cuando haya llegado a ser un verdadero desastre: Proclamad que nunca habéis podido hacer nada con él.
Os habéis preparado una vida de dolores. Y seguramente los tendréis.

Educación

Reflexiones en torno a la educación.


Reflexiones en torno a la educación.

Tres son los pilares que sustentan la educación:

Los padres.
Los profesores.
Los hijos o alumnos.

Tres deben ser los pilares de una buena educación:

Calidad.
Libertad
Solidaridad.

Y tres deben ser las facetas que desarrollen esa educación, para formar personas íntegras, o no merece tal nombre:

Cultivo de la faceta intelectual.
Cultivo de la faceta humana.
Cultivo de la faceta espiritual.

Y aquí se plantea el tema: ¿Conocimiento o ideología?
Si a través de una de una imposición para todos, se intenta transmitir una determinada interpretación de la realidad se está usurpando el derecho de los padres a elegir la formación moral que desean para sus hijos. Fallaría el pilar de la libertad.
Hace tiempo, que el contexto cultural en el que nos movemos, ha adulterado el verdadero concepto de educación, abdicando de la transmisión de conocimientos y adentrándose en el peligroso terreno de la transmisión de ideologías, de la conformación de las conciencias y de la imposición de paradigmas morales, tratando de imponer una determinada y exclusiva manera de interpretar la realidad, es decir tratando de imponer una determinada y única moral.
Es pues necesario que esos tres pilares en los que se sustenta la educación, es decir padres, profesores e hijos o alumnos tomen conciencia, en primer lugar, de esta realidad, y que luego cada cual actúe en consecuencia y tome las decisiones oportunas según su grado de responsabilidad ante esta realidad, y que sin duda ninguna los más implicados deben ser los padres, amparados por el derecho a escoger el tipo de educación moral y religiosa que desean para sus hijos, exigiendo se que cumpla su derecho.

S.B.R.